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Mostrando entradas de 2016

La caverna en el cuerpo

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Veo la boca que tibia
se desliza por la vena
que, hinchada, la recibe
tras la suave superficie.

Me pregunto si ella,
como yo, también esconde
algo que con el calor
se hunde, y con el frío
surge cual trozo filoso
de hielo, colgando
desde el techo de
mi mente adolorida.

Pensar, pensar, pensar,
excreta la mierda de
mi alma que, ya pura,
exhala con el ritmo
de la vena, todavía
indolora, que disfruta
la savia de la vida.

Apagado ya, en un
vaso de alcohol infecto,
siento que al fin
explota, y se queja,
y se vacía, hasta
colmar el abismo
sin fondo.

La vena ya no
ve su suerte oprimida
por la flexible piel
que se encoge y se
arruga. Ahora, ya no
veo a ciegas, veo
nada más mi sangre
regresar a la tranquilidad
interior del vacío.


ESTANDO AQUÍ NO ESTOY: RECUERDOS DE RITA GUERRERO

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El 11 de marzo del 2011 una luz colectiva se encendió con mayor fuerza, pues una llama azul, casi morada, avivó el fuego interno de aquellos que Rita Guerrero tocó con su voz y su expresión estética. Así se fue de este mundo, tras concluir su lucha contra el cáncer de mama y dejar un legado trascendental en la escena artística de México. Aunque su quehacer emblemático fue aquel de compositora y vocalista dentro del grupo Santa Sabina (formado en 1988), Rita también se distinguió como actriz en teatro y cine, conductora de programas de televisión (Canal 22), activista, y soprano en la agrupación de música virreinal y sefardí Ensamble Galileo. Nacida en Guadalajara, llegó a la capital del país a mediados de la década de los ochenta para estudiar en el Centro Universitario de Teatro de la UNAM, y luego conocer al resto de los cómplices que canonizarían sin venia de la Iglesia a María Sabina, aquella sacerdotisa ancestral originaria de Huautla de Jiménez, Oaxaca.



Después de haber ofrecido …

BREVE ANÁLISIS DE "NOCTURNA ROSA" DE XAVIER VILLAURRUTIA

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Nocturna rosa
a José Gorostiza
Yo también hablo de la rosa.
Pero mi rosa no es la rosa fría
ni la de piel de niño,
ni la rosa que gira
tan lentamente que su movimiento
es una misteriosa forma de la quietud.

No es la rosa sedienta,
ni la sangrante llaga,
ni la rosa coronada de espinas,
ni la rosa de la resurrección.

No es la rosa de pétalos desnudos,
ni la rosa encerada,
ni la llama de seda,
ni tampoco la rosa llamarada.

No es la rosa veleta,
ni la úlcera secreta,
ni la rosa puntual que da la hora,
ni la brújula rosa marinera.

No, no es la rosa rosa
sino la rosa increada,
la sumergida rosa,
la nocturna,
la rosa inmaterial,
la rosa hueca.

Es la rosa del tacto en las tinieblas,
es la rosa que avanza enardecida,
la rosa de rosadas uñas,
la rosa yema de los dedos ávidos,
la rosa digital,
la rosa ciega.

Es la rosa moldura del oído,
la rosa oreja,
la espiral del ruido,
la rosa concha siempre abandonada

Epílogo

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EPÍLOGO
Qué rico es despertarse así, con la lluvia golpeando la madera de la cubierta y un cuerpo ajeno procurando la tibieza del mío, espalda contra espalda y nalga contra nalga. Así nadie quiere despertar, ni siquiera yo, y creía que tampoco él pero súbitamente trata de librarse de mí, seguramente porque los otros ya se fueron; por eso me volteo y lo abrazo, evito que se mueva, y lo estrujo así, para permanecer los dos juntitos. Pasa un rato y me doy cuenta que se empieza a enfriar, ya hasta lo están enterrando, ¡tan bien que estaba! Ahora tengo que salirme de esta caja de muerto y buscar a otro que me caliente los huesos.