BREVE ANÁLISIS DE "NOCTURNA ROSA" DE XAVIER VILLAURRUTIA

Nocturna rosa

a José Gorostiza
Yo también hablo de la rosa.
Pero mi rosa no es la rosa fría
ni la de piel de niño,
ni la rosa que gira
tan lentamente que su movimiento
es una misteriosa forma de la quietud.

No es la rosa sedienta,
ni la sangrante llaga,
ni la rosa coronada de espinas,
ni la rosa de la resurrección.

No es la rosa de pétalos desnudos,
ni la rosa encerada,
ni la llama de seda,
ni tampoco la rosa llamarada.

No es la rosa veleta,
ni la úlcera secreta,
ni la rosa puntual que da la hora,
ni la brújula rosa marinera.

No, no es la rosa rosa
sino la rosa increada,
la sumergida rosa,
la nocturna,
la rosa inmaterial,
la rosa hueca.

Es la rosa del tacto en las tinieblas,
es la rosa que avanza enardecida,
la rosa de rosadas uñas,
la rosa yema de los dedos ávidos,
la rosa digital,
la rosa ciega.

Es la rosa moldura del oído,
la rosa oreja,
la espiral del ruido,
la rosa concha siempre abandonada
en la más alta espuma de la almohada.

Es la rosa encarnada de la boca,
la rosa que habla despierta
como si estuviera dormida.
Es la rosa entreabierta
de la que mana sombra,
la rosa entraña
que se pliega y expande
evocada, invocada, abocada,
es la rosa labial,
la rosa herida.

Es la rosa que abre los párpados,
la rosa vigilante, desvelada,
la rosa del insomnio desojada.

Es la rosa del humo,
la rosa de ceniza,
la negra rosa de carbón diamante
que silenciosa horada las tinieblas
y no ocupa lugar en el espacio.

En este poema de Xavier Villaurrutia compuesto por cincuenta y tres versos, existe una partición que es marcada por la yuxtaposición entre la negación y la afirmación al llegar a la quinta estrofa, y que se transforma de manera onírica al pasar de lo que el objeto no es, a lo que sí es: “No, no es la rosa rosa / sino la rosa increada” (19-20). Así, este juego entre afirmaciones y negaciones se logra en gran medida a través de la repetición, que comienza desde el título con “Nocturno” y da origen a una red de ecos que continúa en la primera estrofa con “no”, “niño”, “ni”, “ni”, aunado a las cuatro menciones de la palabra “rosa” que también se entrelaza en su primera sílaba con “pero” y “misteriosa”. Con ello, Villaurrutia no sólo acentúa el tema de su poema, sino que también genera un tono de firmeza al aseverar que aunque como muchos otros también habla de la rosa, esta tiene un significado distinto dentro de su obra. Además, en estos primeros versos también se observa el diptongo “ie” en las palabras “tambn”, “piel”, “movimiento” y “quietud”, llevándonos desde el tema principal hasta la confrontación de dos conceptos opuestos a través de sonidos afines.
Al permitir que el poema fluya bajo repeticiones y ecos similares en la siguiente estrofa, comienza a generarse una sensación de angustia, pues denota con un afán casi vehemente lo que la rosa sigue sin ser, como una negación prolongada, que ahora hace uso de la letra [r] para resaltar el sonido de “rosa” con “sangrante”, “coronada” y “resurrección”, haciendo evidente que tampoco se trata de la rosa del cristianismo. Ya en la tercera estrofa, se recrea nuevamente el patrón de “No”, “ni”, “ni”, “ni” en cuatro versos, donde la asociación “os” en el primero denota que “No es la rosa de pétalos desnudos” (11), mientras que la de “da” brinda un ritmo que trasciende hasta el cuarto verso iniciando con “encerada”, pasando por “seda” y terminando con “llamarada”. Dando continuidad a la estructura del poema la cuarta estrofa repite el patrón de la primera sílaba en cada verso, dando aún mayor énfasis a lo que el autor rechaza acerca del tema primordial de su obra, mientras que se dan otras ocurrencias como “veleta”, “secreta”, “hora” y “marinera”, y con inversión de letras en “úlcera”, “puntual” y “brújula”, que contribuyen tanto al significado como al ritmo del poema, pues se describe una belleza sin dirección que provoca un sufrimiento interno, y que se relaciona con la inmensidad del mar.

Ya en la quinta estrofa se genera cierta sensación de alivio cuando por fin se descubre lo que sí es la rosa, aunque la transición se da con intriga ante algo que aún no ha sido creado, y que corresponde a lo metafísico, con la contradicción del “no” como constante, y la letra [a] como el sonido dominante a través de “rosa”, “increada”, “sumergida”, “nocturna”, “inmaterial” y “hueca”, retratando una flor desconocida y llena de melancolía. Adicionalmente, a partir de este momento lo común ya no es la negación sino el artículo que antecede a la descripción de “la rosa”, y que a partir de ahora alude a los sentidos. De esta forma, la sexta estrofa habla del tacto, un “tacto en las tinieblas” (23) donde “rosa” se repite en cada uno de los seis versos que la integran; en la siguiente es el turno de la percepción auditiva, con rimas en “oído” y “ruido”, y “abandonada” y “almohada”. Después, siguen una estrofa de diez versos en la que se evoca al gusto mediante la boca, donde nuevamente tiene prevalencia el sonido de [a], que es posible notar en diversas palabras como “encarnada”, “entreabierta” y “sombra”, y que también influye en el oxímoron “La rosa que habla despierta / como si estuviera dormida” (38-39), que alude a los sueños de “la rosa que se pliega y expande” (42), “la rosa herida” (45).

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